La primera vez que me vieron las cartas era niña, fue en un
paseo familiar en el campo, una tía llevó a “una bruja” y casi todas las
mujeres presentes caímos en la tentación. Debo haber tenido unos diez años.
Como mi mamá no me quiso dar plata, una tía me pagó la consulta.
Con lugar y día agradable, sentadas en una manta, ella revuelve el mazo de naipe español
mientras espero nerviosa, ansiosa, sintiendo que en esas cartas estaba
contenida mi vida entera.
Finalmente comienza a ubicar las cartas y con seguridad me
relata mi futuro. En verdad no recuerdo mucho lo que me dijo, eran cosas bien
generales, la escuché atenta hasta que de repente se queda callada, me mira y
me dice
“¿tienes alguna
pregunta?”
no había pensado en eso, no sabía que hacer, hasta que de
repente no encontré nada mejor que “ponerla a prueba” y digo
¿me voy a casar?
Ella me clava la mirada y me dice firme “si” y me describe
físicamente al muchacho.
Lo que no me dijo es cuando. Aun no puedo confirmar ni
desmentir la declaración. Apenas sepa te cuento.

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